Relato: “El barrio es su gente”

Seis días antes de que finalizara el invierno, nos tuvimos que resguardar para evitar el contagio de la que los científicos llaman COVID-19. Esta situación paralizó el mundo.

En un abrir y cerrar de ojos, las calles del barrio Moscardó quedaron en silencio, anestesiadas. Todos, detrás del visillo, imaginando cómo salir de la que se nos venía encima. El mayor depredador del planeta encerrado en su casa para evitar ser contagiado por un virus diminuto pero mortal.

Pronto, a través de la tecnología, nos pusimos a formar grupos de ayuda a nuestros mayores, ya que las noticias que nos llegaban no eran alentadoras para ellos. Había que protegerlos y evitar que salieran a la calle.

Una semana después, el color del cielo era distinto. Se oían los trinos de los gorriones. En la ventana de casa pusimos un comedero y un cuenco con agua. Al principio no bajaban a comer porque estarían cuidando de sus gurriatos. Ya se atreven. ¡Ya se les oye! El silencio de la calle nos ayuda a ello. Y se bañan en el cuenco de agua clara.

Veo desde mi ventana un ir y venir de ciudadanos que recogen bolsas de alimentos en la asociación de vecinos del barrio Moscardó. Es un punto de reparto en el que contribuimos todos, desde la Junta Municipal hasta los propios vecinos y los comercios del barrio. Todos trabajando por el bien general. De forma voluntaria, pero bien protegidos, se reparten esas bolsas con alimentos, se hacen recados a los mayores. Tanto en parroquias como en el local de la asociación, con la misma entereza y sin que los detuviera el riesgo de un posible contagio.

También hay vecinas que, desde la distancia, se movilizan para que el barrio que las vio nacer salga adelante de esta extraña, nueva y, por qué no decirlo, mala situación.

Desde fuera se ven las cosas diferentes, quizás exageran los medios de comunicación sobre la situación en Madrid, quizás no. Pero lo que de verdad está sucediendo es que todos los vecinos y vecinas de Moscardó están poniendo su granito de arena para liberar a este maravilloso barrio de este virus que ataca a la salud, a la economía y a la convivencia de un vecindario multicultural.

Un rayo de esperanza nos inunda. Se han despertado las conciencias solidarias de los vecinos. No estamos solos.

Tiempos de cambio en la forma de un nuevo modo de formación académica. Se difumina la figura del docente en una pantalla y archivos PDF. Se pierde la conexión física y social humana en un tiempo de aislamiento individual.

Difícil tarea la de asimilar el cambio. En mi cubículo he pasado horas y horas con un sentimiento de soledad que me hacía preguntarme sobre la nueva normalidad en el ámbito educativo.

La preocupación de que un cambio nos arrebate la sociabilidad en la educación y el poder compartir, debatir y reflexionar en conjunto, con ese contacto cercano y vivo que es la base de la vida y de la verdadera educación.

Esperemos que los nuevos tiempos no cambien el espacio físico de la docencia por una docencia telemática y fría.

¿A dónde ha ido a parar el rugido de motores de la carretera de Toledo? Ha sido reemplazado por el inquietante murmullo de la gente en las ventanas. Sí, allí están, puedo oírlos desde sus atalayas.

Es la hora de jugar en el parque, ¿qué ha sido del griterío de cada tarde? ¿Dónde se esconden los niños y niñas que a estas horas corretearían por la pista? Ah, vaya, también se asoman desde las ventanas.

No me llega el olor a café de la terraza de abajo. Tampoco las risas que siempre se mueven entre sus mesas. Hoy he echado de menos los gritos de “¡Hola, Juan!” y “¡Adiós, Patricia!”. ¿Es que no han ido a despedir el día bajo el sol fresco de abril? Oh, mira, se saludan desde las ventanas.

El golpe de la reja del mercado contra el suelo no se ha dejado sentir esta tarde. ¿Han cerrado pronto? ¿Hoy abren hasta tarde?

El barrio está vacío. Nadie ríe o vocifera desde sus bares. No hay personas pululando por sus calles. Ningún vecino trata de otear la Plaza Romana por encima de la cerca. Estamos solos en nuestros balcones.

En la distancia, oigo un ligero agitar de cortinas y de ventanas abriéndose. Escucho las voces de los vecinos saludándose de una ventana a otra… ¿Es ya la hora?

¿Es un batir de palmas? ¿Y esos gritos de ánimo? ¿Dicen algo sobre “viva la sanidad pública”? Vaya, ¡claro que sí! El volumen del aplauso crece entre voces, clamores y música.

Salgo a la terraza y me asomo a mi barrio, que ya no parece tan vacío. Allí están las niñas y los niños, los saludos de Juan y Patricia, las voces y el gentío. De los motores, ¡ni rastro! Pero bueno, tampoco los necesitamos: nos tenemos las unas a los otros, los otros a las unas. Después de todo, el barrio es su gente, no sus ruidos.

No estamos solas.

Estas situaciones nunca llegan en buen momento, pero hay que bailar con la música que suena y creo que podemos estar orgullosos de nuestros pasos. Nadie sabe qué ritmo tocará mañana, pero lo que hemos aprendido es que siempre habrá alguien para tendernos la mano. ¿Y qué si tampoco sabe hacia dónde nos movemos? Si se pone más difícil, estaremos más unidos para que todos juntos podamos seguir yendo hacia delante, podamos seguir haciendo barrio.

De ésta pandemia en Madrid, me quedo con el silencio de sus calles y sus gentes. Ese remanso de paz que tanto tiempo teníamos olvidado. Esas prisas paralizadas. Esa vuelta de la naturaleza a nuestro alrededor. Esa primavera dando una oportunidad al planeta para resurgir de esas cenizas a la que el ser humano lo estaba llevando. Esa vuelta a los sentidos, a los sentimientos de nuestro yo interior. El respirar un aire más puro, el olor de la primavera abriéndose paso y retomando su espacio arrebatado por los seres más devastadores del planeta. El cantar de los pájaros y su presencia, que tanto tiempo estaban ocultos e insonorizados.

Esa primavera, en definitiva, que, aunque dicen que se nos ha arrebatado, nos ha sido regalada y debemos dar gracias por ello.

Me gustaba esa paz cuando salía a la calle y quería olvidar para poder volver. El miedo a lo desconocido era grande y las fuerzas las encontraba en el silencio, el cantar de los pájaros y en ver la primavera resurgir libre. Ese silencio en todo, ese mirar solo dentro de tí, para darte fuerzas y buscar algo para seguir el día a día tan duro. Buscar algo diferente a tu alrededor que no fuera solo la destrucción en la que estaba inmersa.

Hemos podido ver el resurgir del planeta, tan castigado por lo que se denomina civilización. Nos ha hecho apreciar que todavía tenemos esperanza de vivir en él y cuidarle. Hemos comprobado que él nos responde agradecido y nos anima a seguir un camino diferente para poder admirar la belleza que nos rodea.

Parece que ésta pandemia ha querido dar un escarmiento a nuestra forma de vida, esa vida tan acelerada y destructiva en la que nos hemos sumergido. Ha querido darle la oportunidad a la naturaleza de poder sobrevivir e intentar volver a ocupar su espacio. Sólo ha traído destrucción al ser humano y yo me pregunto: ¿realmente la pandemia de este planeta no somos nosotros y nuestra forma de vida?

¿Realmente el ser humano es el más débil y nunca lo hemos visto?

Nos creíamos los dueños del planeta y ya hemos visto que no es así.

Meditemos sobre ello, merece la pena.

También me quedo con el rebrotar de la solidaridad entre la gente y el preocuparse por el de al lado, tejiendo ayudas mutuas e intentando apoyar al que más lo necesita. Que necesitamos estar unidos y remar en una misma dirección y que la gente ha sabido responder y responsabilizarse en la parte que le tocaba a cada uno. Que la gente es buena en su conjunto y que cuando algo nos golpea en lo más profundo de nuestro ser, sacamos fuerzas para salir adelante, codo con codo.

Me quedo con todo eso y con las miradas de miedo, miradas a los ojos entre compañeros para seguir, y el apoyo incondicional de la gente dándonos fuerza.

En definitiva, salgo de todo este proceso con los sentidos al acecho, los sentimientos a flor de piel y con la vida para compartir.

Textos y fotos de nuestros soci@s Juan Manuel Ureña, Alma López, Jorge Sanz, Alfonso Moure, Marta González Peláez, Alicia Maeso y Arnaud Dangerard.

Un huerto urbano para ayudar a los más vulnerables en Usera

Desde el comienzo del confinamiento, la Asociación de Vecin@s Moscardó ha donado toda la recogida de su huerto urbano a las familias que más lo necesitan

En el mes de noviembre, nuestra asociación fue elegida entre los colectivos que tendrían un espacio en los huertos urbanos cedidos por la Fundación Montemadrid. Todas las semanas, l@s soci@s se acercaban hasta este lugar para cuidar de los distintos cultivos.

Sin embargo, el confinamiento llegó y la asociación no pudo tener el mismo acceso que antes al huerto: “En cuanto el confinamiento fue un poco más flexible contactamos con las personas encargadas de Cultiva la Amistad para preguntar cómo iban las parcelas y nos comentaron que, dada la situación, se habían encargado de vigilar y recoger lo que tenían todas las parcelas. Nos dijeron que podíamos acercarnos para recoger las frutas y verduras y decidimos hacerlo, ya que estábamos realizando reparto de alimentos como Red Vecinal en el barrio. Además, nos ofrecieron los productos de los de las parcelas que no habían querido recoger, para repartirlo también entre las personas que lo necesitaran. ¡Y así lo hicimos! Recogimos los alimentos, aprovechando un trayecto de las personas voluntarias, para repartir los vegetales a los vecinos y vecinas en situación de necesidad”.

Conscientes de que la crisis no ha acabado y que aún se necesitan ayuda y alimentos, queremos seguir con el reparto de alimentos y el uso de los cultivado para ese fin: “Si otras parcelas o proyectos similares quieren realizar donaciones, desde la Asociación estamos dispuestos a colaborar con el reparto y a echar una mano en lo que haga falta. Nuestro distrito es muy solidario y tiene tejidos vecinales que se han volcado de lleno en estos momentos, colaborando con la difusión de información y organización a las personas vecinas, que han realizado una labor impecable de ayuda mutua y solidaria como hemos podido ver de primera mano”.

Además, estamos de vuelta con el proyecto dentro de Cultiva la Amistad: “Hemos podido retomar la actividad en nuestra parcela, cumpliendo con la normativa de una persona por turno. Lamentablemente, no podemos realizar entregas periódicas de lo que cosechamos, ya que la parcela es muy pequeñita y acabamos de empezar a plantar ahora la nueva temporada. Pero con lo que podemos, seguimos colaborando con el barrio y la gente que en estos momentos lo necesita”.

“Las personas del barrio son las que mejor entienden las necesidades de su entorno y en qué medida les afectan los cambios que hemos vivido y que vamos a vivir en un futuro. Es un momento para pensar sobre la conveniencia de fomentar este tipo de iniciativas y aprender a escuchar y colaborar con las personas con las convivimos”.

Moscardó se suma a la Red de Cuidados de Usera

A principios del confinamiento tuvo lugar la creación de la Red de Cuidados de Usera, una plataforma que se creó para realizar los recados a residentes que no podían salir de su casa bajo ningún concepto. Hacer la compra, pasear mascotas o gestionar citas en el centro de salud son algunas de las tareas que ha realizado esta red, además de ayudar a las familias con menos recursos en nuestro distrito.

Conscientes de la actual situación, la Asociación de Vecin@s Barrio Moscardó se sumó a la iniciativa para colaborar donde no alcanza a llegar el Ayuntamiento debido a la gran demanda de peticiones de ayuda. En este sentido, participamos en la entrega de cerca de 100 menús diarios aportados por varias fundaciones.

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Desde nuestra asociación queremos agradecer la aportación de donaciones que los vecinos hacen en nuestro local y también la colaboración de la Parroquia Cristo Rey y Caritas los días 3 y 10 de abril llevamos a hogares del barrio bolsas de alimentos.

También queremos agradecer el inmenso trabajo llevado a cabo por otras asociaciones vecinales del Usera que, desde el primer minuto, han trabajado para demostrar la importancia y la necesidad del apoyo del vecindario en los momentos más difíciles.

En esta campaña de ayuda vecinal han participado el Bar El Brillante de Atocha, Grupo 80grados, La rumba xti, la fundación Madrina y CA Cristo Viene. Además, también hemos recibido donaciones de verduras de los huertos Pachamama, y Montemadrid (en el cual tenemos parcela propia). No nos olvidamos de Daniel Caralampio, quien en representación del Club Deportivo Colonia Moscardó, ha participado también de forma activa en esta campaña.

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Más de 200 niños disfrutan de la fiesta de Halloween en Moscardó

El pasado 31 de octubre la Asociación de Vecin@s Barrio Moscardó celebró una fiesta de Halloween en el Mercado de Usera a la que asistieron cerca de 300 personas entre madres, padres y niños.

Quienes se atrevieron a acercarse a la terrorífica fiesta disfrutaron de un pasaje del terror, juegos, cuentacuentos y proyecciones, además de lucir los mejores disfraces de todo el barrio.

Se trata de la segunda fiesta de Halloween que celebra nuestra asociación vecinal en el Mercado de Usera, un espacio al que agradecemos inmensamente que abra sus puertas para este tipo de actividades en el barrio.

A continuación puedes ver las imágenes de la terrorífica fiesta.

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Publican un análisis sobre el estado de la suciedad en el barrio de Moscardó

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La Asociación Vecinal Barrio Moscardó ha publicado un análisis sobre el estado de la suciedad y la basura en sus calles, una problemática que, según la asociación, es una de las mayores preocupaciones de los residentes de la zona.

El texto, que recoge hasta 9 medidas para paliar la suciedad en el barrio, propone cubos de basura con un mecanismo de apertura distinto al pedal actual y patrullas de agentes medioambientales que penalicen a quienes ensucian las calles.

Además, también sugiere facilitar contenedores de residuos a la calle Marcelo Usera y aledaños, cubos de reciclaje y de residuos juntos, no dejar espacio entre los cubos y la acera, carteles informativos que inviten al civismo, jornadas informativas y de concienciación, jornadas de limpieza comunitaria e incrementar el servicio de limpieza en el barrio.

Durante el mes de julio y agosto de 2018, la AAVV Barrio Moscardó está trasladando la preocupación de los residentes por esta cuestión tanto a la Junta Municipal de Usera como a los distintos partidos políticos.

Puedes consultar las medidas presentadas por la AAVV Barrio Moscardó en el siguiente enlace: MedidasSuciedadMoscardo